domingo, 16 de diciembre de 2012

Día 2.

Domingo de invierno, frío sin ti.
Es extraña esta sensación de vacío cuando en realidad no has perdido nada. Es extraño como la felicidad y la tristeza se mezclan dentro de ti y crean un estado que no soy capaz de describir. Si me paro a pensar, el tiempo ha corrido demasiado. No ha ido pasito a pasito, ha decidido echar a volar. Trescientos sesenta y cinto días atrás mi habitación olía a vainilla con un toque de Jean Paul, hoy huele a nervios y soledad. Ya no me rodean sus brazos, me rodean miles de hojas llenas de apuntes que guiarán mi futuro. Ya no se escuchan sus carcajadas en el salón, solo hay silencio. Ya no se oyen esas cuerdas de guitarra y esa voz que cantaba "Tu mirada me hace grande...". Ya no damos tumbos por Madrid! Las cosas cambian, el tiempo las pone en su lugar. Si, este último domingo de estudio del año me he acordado de ti. Las casualidades nos unieron, y también nos han separado. Quizá bien, quizá mal, pero hecho. Si me acuerdo solo puedo sonreír, eras crecer, eras vida, eras tú, eras yo, eras nosotros. Ese nosotros que ya no necesitamos, ese tú que está solo, ese yo que no te pertenece, ese yo que vive, sonríe, sueña, pisa fuerte y tiene ansias, ansias de comerse el mundo. No me pintes historias de héroes, que la mía ya está hecha. Porque cuando creces aprendes a valorar la soledad, esta soledad de domingo en mi habitación, sin ti pero feliz, sin tu voz pero con mis carcajadas, sin tus abrazos pero con mi sonrisa, sin tu música pero con la mía. Porque realmente la soledad es maravillosa. Solo necesitas pensar que tú eres única. Porque si me dices ven yo ya no digo vale.
Que suerte la mía, que alegría, que buen día, que bueno no tenerte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario