domingo, 19 de mayo de 2013

LADY MADRID.

Cámara en mano retrata la vida paso a paso.
Nada se escapa a su objetivo, ni siquiera cada una de las sonrisas de nuestro amanecer.
Desde el momento uno fue superior,
superior a mis fuerzas, a esas ganas de abrazarla.
Me dio la mano, tan lejos, tan cerca, y desde ese momento me dio la vida.
Crecimos a distancia, pero siempre a la par,
a la par de esa música que nos hacía más fuertes.
Rozamos las teclas con los dedos, las teclas del piano,
pero también de cada una de las costillas que llevaban al corazón.
Las navidades anunciaban el primer abrazo del año,
y las uvas la primera lágrima de despedida.
El teléfono sonaba y eras tú,
y las horas se llenaban de historias de amores caídos.
Los rayos de sol nos juntaban de nuevo,
y esas historias se quedaban en el fondo de cada copa.
Nos fumamos la vida, y más de una calada se nos atragantó.
No pensábamos en mañana, como tú decías, carpe diem.
Cogíamos cada aventura al vuelo,
vivíamos como si se fuera a acabar el mundo,
y todo esto desde que no sabíamos ni pronunciar una palabra.
Nos abrazábamos para que no corriera ni un poquito de aire,
porque el aire podía separarnos.
Veíamos películas,
y como princesas inventábamos historias de castillos y amores eternos,
pero lo que todavía no sabíamos es que lo eterno sería el inventar historias.
No comíamos el mundo montadas en una bici,
y nos levantábamos de cada caída.
Años después la distancia se ha acortado,
cambiamos el teléfono por visitas sorpresa,
y las lágrimas de despedida por sonrisas al día siguiente.
Seguimos dejando las historias en copas,
pero esas copas nunca quedan llenas.
Los juegos pasaron a realidad,
los amores eternos a fugaces.
Las caladas atragantadas se digieren mejor, porque ahora,
tú estás aquí.
No nos separan kilómetros,
solo unas cuantas estaciones, que con las ganas se hacen más cortas.
Pisamos fuerte el asfalto como si fuéramos a romper Madrid,
y en realidad rompemos cada corazón con una mirada.

Porque quizá sea esa sonrisa que no me deja ni respirar,
o esos ojos que con mirarlos hacen daño,
tal vez tus arrebatos y esa manera de hacerme reír,
tal vez nuestra vida, con sus casualidades y coincidencias,
de cualquier forma, eres una razón para muchos y un ejemplo para todos.
Eres un corazón que no cabe en el pecho,
eres la ilusión de tenerte,
eres el punto y seguido de todas las frases,
eres la admiración que siento solo con pronunciar tú nombre,
eres el pasado, presente y serás futuro,
eres de las que faltan si no están,
eres alguien demasiado grande para esta ciudad tan pequeña.

Porque ayer sólo queríamos comernos el mundo, hoy, estamos empezando a crecer,
que yo sin ti no soy ni la mitad de esta ciudad,
y que todavía nos queda ir de Madrid al cielo e incluso a la luna.

Te querré mil millones de años más si hace falta, pero tú no te vayas nunca de mi lado.

Dulces 21 primaveras, flor.





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